Una prueba común con fotos de rostros resultó ser una manera de asomarse al futuro.
Los especialistas chinos desarrollaron un sistema de inteligencia artificial, capaz de determinar con antelación un riesgo aumentado de depresión a partir de la reacción del cerebro ante las emociones ajenas. En las pruebas, el modelo predijo problemas en participantes de 19 años aproximadamente cuatro años antes del diagnóstico.
El desarrollo fue realizado por un equipo de la Universidad de Shenzhen. Se basó en datos de dos grandes estudios sobre adolescentes, que realizaron evaluaciones en varios países europeos. A los participantes se les practicó resonancia magnética, se les tomaron análisis de sangre y se les pidió completar cuestionarios a los 16, 19 y 23 años.
Los especialistas prestaron especial atención a cómo reacciona el cerebro ante fotografías de personas con expresiones de ira, alegría y expresión neutra. En personas sin depresión, el cerebro suele distinguir bien las señales emocionales. En la depresión, la percepción puede sesgarse hacia lo negativo, de modo que una expresión neutra o ambigua se percibe con más frecuencia como hostil.
Los datos principales provinieron del proyecto europeo Imagen, que comenzó en 2007 y siguió el estado mental de los adolescentes conforme crecían. El análisis mostró que en participantes cuyo cerebro distinguía peor las expresiones faciales y que percibían con más frecuencia a los demás como enfadados, más tarde se observaron con mayor frecuencia síntomas de depresión y ansiedad.
A partir de esas correlaciones, los especialistas entrenaron un modelo de aprendizaje profundo que analizaba cómo el cerebro codifica conceptos emocionales abstractos, incluido el ira. El riesgo más alto se observó en participantes de 19 años cuya reacción ante los rostros se desplazaba notablemente hacia emociones y recuerdos negativos. Para los 23 años, a algunos de esos individuos se les desarrolló depresión.
Luego, los autores calcularon un indicador de riesgo y lo verificaron con datos de otro proyecto, Stratify. En el estudio participaron más de 400 adolescentes con diversos trastornos mentales. Valores anómalos del indicador se detectaron únicamente en 134 personas con trastorno depresivo mayor clínicamente confirmado.
En los participantes con dependencia al alcohol y a las drogas, anorexia, bulimia y otros trastornos, los indicadores casi no diferían de los de las personas sin signos de enfermedades mentales. Según los autores, este enfoque podría en el futuro ayudar a identificar un mayor riesgo de depresión mucho antes de la aparición de síntomas evidentes y a tomar medidas preventivas con anticipación.
El trabajo fue publicado en la revista Science Advances. Por ahora, los autores consideran el indicador desarrollado como una herramienta potencial de diagnóstico temprano, y no como una prueba médica lista para usar.