El mayor distribuidor de libros de Australia no puede precisar cuándo se restablecerán por completo sus operaciones.

Un ciberataque a uno de los mayores distribuidores de libros de Australia lleva casi seis semanas interrumpiendo los suministros de libros en el país. Tras la intrusión en los sistemas de Alliance Distribution Services, las librerías reciben menos mercancía, los autores enfrentan problemas para celebrar eventos y el propietario de la empresa Hachette Australia aún no puede indicar la fecha en que la actividad se restablecerá por completo.
Hachette detectó actividad no autorizada en los sistemas informáticos de Alliance Distribution Services (ADS) el 18 de julio de 2026. La empresa desconectó o limitó parte de los sistemas afectados y comenzó a recuperar la infraestructura. En los trabajos participaron equipos especializados de Hachette de Australia, Reino Unido y Estados Unidos. Según la editorial, los servicios restaurados se verifican antes de volver a entrar en funcionamiento.
La magnitud de las consecuencias se explica por el papel de ADS en el negocio editorial de Australia y Nueva Zelanda. El distribuidor pertenece a Hachette Australia y atiende no solo a las editoriales del grupo, sino también a numerosas empresas externas. Según el informe oficial de Hachette, el almacén de ADS envía más de 17 millones de libros al año y en la división trabajan alrededor de 107 personas.
Tras el ciberataque, el sistema habitual de gestión de pedidos dejó de funcionar con normalidad. ADS prioriza el envío manual de novedades, mientras que los títulos ya publicados del catálogo llegan mucho peor a las tiendas. Algunos vendedores independientes suelen recibir a través de ADS entre el 15 y el 20 % del surtido, por lo que una avería prolongada resulta especialmente visible antes de la intensa temporada previa a la Navidad.
Hachette propuso a las tiendas buscar temporalmente los libros a través de proveedores alternativos, incluidos canales en el extranjero y comercios en línea australianos. Esa opción ayuda a cubrir parte del déficit, pero eleva los costes de envío. Las grandes cadenas pueden redistribuir las compras con mayor facilidad, mientras que las librerías pequeñas se encuentran en una situación más complicada.
También se vieron afectadas las autoras y los autores. Escritores australianos informan de la falta de ejemplares para presentaciones, encuentros con el lectorado y giras por el país. La escritora infantil Danielle Binks tuvo dificultades para preparar actos de septiembre en Adelaida, ya que la editorial no puede garantizar la disponibilidad del número necesario de libros. La escritora Maxine Beneba Clarke advirtió que las interrupciones en las ventas pueden reducir de forma notable los ingresos de las autoras y los autores, sobre todo si la recuperación se prolonga.
Hachette aún no ha divulgado detalles técnicos del incidente. No se sabe cómo los atacantes accedieron al sistema, quién está detrás del ataque ni si se empleó software malicioso. La compañía tampoco ha informado de que se le haya exigido un rescate ni ha confirmado la hipótesis de un cifrador. Por eso, por ahora no se puede vincular el incidente con programas de ransomware.
Tampoco se ha confirmado que se hayan sustraído datos personales o corporativos. Hachette solo habla de "actividad no autorizada" en los sistemas informáticos de ADS y de que los servicios continúan en proceso de recuperación. No hay una notificación específica sobre una fuga de datos en el sitio oficial.
Restablecer por completo la infraestructura sigue siendo la principal prioridad de Hachette Australia y ADS. La empresa informa sobre los avances y va devolviendo los sistemas a la actividad de forma gradual, pero casi seis semanas después de que se detectara la actividad externa todavía no anuncia el plazo en que el centro de distribución podrá volver a su ritmo habitual. Hasta entonces, las consecuencias del ciberataque seguirán sintiéndose entre editoriales, librerías, autoras, autores y lectores en toda Australia.