La plataforma sostiene que la ley australiana no se aplica a su servicio.

En Australia aumenta el debate en torno a la privacidad y la regulación de Internet. Telegram presentó una demanda ante el Tribunal Federal, impugnando las facultades de la comisionada de eSafety y una multa importante impuesta a la plataforma.
La demanda va dirigida contra las decisiones de la comisionada de eSafety, Julie Inman Grant. En el centro del conflicto está la Online Safety Act 2021, que permite al regulador exigir a las empresas tecnológicas información sobre cómo combaten el contenido «perjudicial».
A principios de año eSafety envió solicitudes a varias plataformas importantes, incluidos Telegram, exigiendo información sobre las medidas contra materiales extremistas y el contenido relacionado con la violencia contra menores. Telegram, según el regulador, incumplió los plazos, tras lo cual se le impuso una multa de casi 958.000 dólares australianos, de lo que informó The Guardian.
Telegram ahora impugna esa decisión y afirma que el servicio no es jurídicamente un proveedor de servicios de redes sociales según la ley australiana, por lo que no está sujeto a los requisitos de eSafety. La compañía también sostiene que la notificación inicial fue enviada a una dirección incorrecta y que las respuestas se facilitaron de forma voluntaria tan pronto como se conoció la solicitud.
La postura de Telegram se ha convertido en parte de una disputa internacional más amplia sobre cómo conciliar las exigencias de seguridad y la protección de la privacidad en Internet.
Mientras tanto, Australia se prepara para introducir algunas de las reglas de verificación de edad más estrictas del mundo. A partir del 10 de diciembre de 2025, servicios como Reddit, Kick, Facebook y TikTok tendrán que bloquear el acceso a usuarios menores de 16 años. Por el incumplimiento se prevén multas de hasta 50 millones de dólares australianos.
Estas medidas generan preocupación entre los defensores de la privacidad. Advierten que la verificación de la edad puede obligar a recopilar datos biométricos o documentos, creando nuevos riesgos para todos los usuarios. Debates similares ya tienen lugar en Reino Unido y Estados Unidos, donde la introducción de leyes de este tipo ha empujado a muchos usuarios a pasarse a herramientas que permiten ocultar la ubicación y eludir las barreras de edad.
Los gobiernos de distintos países siguen buscando un mayor control sobre el entorno digital, y los servicios orientados a la privacidad se encuentran en el centro de disputas legales. Los críticos del Online Safety Act consideran que las amplias facultades del regulador podrían conducir a limitar el contenido legítimo.
El resultado del litigio de Telegram tendrá alcance internacional. Puede tanto empujar a los gobiernos a endurecer más la regulación en línea como demostrar que no es tan fácil someter a las plataformas globales a las normas de cada país. Por ahora, el caso sigue siendo una prueba importante de quién define los límites del control digital.