Si Microsoft no frena, Windows acabará convertido en un sistema opaco.

Al responsable de la dirección de Windows en Microsoft, Pavan Davuluri, hace unos días le cayó una oleada de críticas por parte de los usuarios después de que explicara sus planes para convertir Windows en la llamada "agentic OS" con énfasis en la IA y la automatización. La idea consistía en que el sistema operativo ayudara de forma más activa al usuario y aumentara la productividad mediante funciones inteligentes. Sin embargo, muchos lo recibieron con rechazo: a su juicio, Windows ya tiene suficientes problemas básicos sin resolver que requieren atención prioritaria. La ola de críticas fue tan intensa que Davuluri desactivó las respuestas a su publicación original en X (antes Twitter).
Ahora el directivo sí respondió públicamente a parte de las quejas sobre que Windows supuestamente dejó de ser cómodo para desarrolladores y usuarios avanzados y cada vez "arrebata más el control" al propietario del equipo. En su respuesta al desarrollador @GergelyOrosz señaló que el equipo sigue atentamente la retroalimentación y comprende que en el sistema hay muchas cosas que hay que arreglar: desde la interfaz de usuario y diálogos fragmentados hasta escenarios para usuarios avanzados. Según él, en reuniones internas el equipo analiza en detalle esos puntos conflictivos, porque a Microsoft le importa que los desarrolladores elijan conscientemente Windows como plataforma principal. Davuluri subrayó además que las palabras no bastan y que ahora corresponde realizar mejoras reales y entregar actualizaciones.
El mero hecho de que el responsable de Windows haya reconocido públicamente la magnitud de los problemas lo perciben los usuarios como un pequeño paso adelante, sobre todo porque quejas similares las habían expresado antes veteranos de Microsoft como Dave Plummer. En los últimos años el sistema se ha ido desplazando hacia funciones de IA que funcionan de forma inestable o parecen impuestas, y eso solo aumenta el escepticismo respecto al futuro de Windows.
Al mismo tiempo, los críticos recuerdan que mientras no se solucionen los problemas "antiguos" acumulados, cualquier conversación sobre el futuro de la plataforma provocará irritación. Hasta ahora los usuarios se quejan, por ejemplo, de la barra de tareas recortada en Windows 11 y otras extrañas regresiones sin explicación clara. Y mientras esas cuestiones permanezcan sin resolver, Microsoft recibirá una y otra vez reacciones negativas cada vez que hable de una nueva gran estrategia para Windows.