Una confesión inesperada sacude un viejo caso y reconfigura el equilibrio de fuerzas.

El fundador condenado de la empresa Intellexa, vinculada al desarrollo del software espía Predator, volvió a situarse en el centro de un escándalo político en Grecia. Una declaración reciente del empresario en la práctica confirmó que las tecnologías de la empresa se venden exclusivamente a entidades estatales. Los políticos de la oposición interpretaron las palabras del empresario como un reconocimiento implícito de la implicación de las autoridades en una vigilancia a gran escala dentro del país.
El exagente de los servicios secretos israelíes y fundador de Intellexa, Tal Dilian, hizo una declaración por escrito para el programa griego MEGA Stories semanas después de la emisión de la sentencia en el caso de las escuchas ilegales. El tribunal declaró al empresario culpable de participar en un sistema de vigilancia a gran escala y le impuso una pena de más de 126 años de prisión.
En un comentario para periodistas, Dilian afirmó que Intellexa siempre actuó estrictamente dentro de las normas europeas e internacionales de control de exportaciones y que vendía sus soluciones tecnológicas únicamente a los organismos estatales autorizados y a los cuerpos de seguridad. Añadió que la propia empresa nunca participa en la ejecución de la vigilancia. La responsabilidad sobre la legalidad del uso del software recae en las entidades estatales que compran y utilizan esas herramientas.
La declaración del empresario provocó una nueva oleada de conflicto político en Atenas. El líder del partido PASOK, Nikos Androulakis, que previamente fue uno de los objetivos de las escuchas, afirmó que la versión anterior del gobierno sobre la actuación de supuestos particulares ya no se sostiene. El político sostiene que el sistema de vigilancia fue utilizado por estructuras estatales y fue creado con la participación de la dirigencia del país.
El gobierno de Grecia rechazó tales acusaciones. El portavoz del gabinete, Pavlos Marinakis, dijo que la oposición intenta utilizar el tema de las escuchas para resolver sus propios problemas políticos. Marinakis recordó que el Tribunal Supremo del país no encontró previamente indicios de responsabilidad penal de funcionarios estatales. La sentencia impuesta a cuatro particulares implicados en el caso, según las autoridades, confirma la ausencia de una conspiración estatal.
Las críticas también vinieron de otras fuerzas de la oposición. El líder del partido SYRIZA, Sokratis Famellos, calificó la situación como una grave crisis institucional. El representante del partido «Nueva Izquierda», Gavriil Sakellaridis, declaró que la afirmación de Dilian aumentó las sospechas sobre posibles vínculos entre Intellexa y el Servicio Nacional de Inteligencia de Grecia.
El escándalo estalló tras la decisión judicial del 26 de febrero. El tribunal determinó que el programa Predator se utilizó para vigilar a decenas de personas del ámbito político, del periodismo, de la sociedad civil y del ejército.
Además de Tal Dilian, recibieron condenas el accionista de Intellexa Felix Bitsios, la directiva de la empresa Sara Alexandra Chamu y el proveedor Yannis Lavranos. A cada uno se le impuso una pena de 126 años y ocho meses de prisión. Sin embargo, la legislación griega limita el tiempo efectivo de cumplimiento de la pena en este tipo de casos a ocho años. Los condenados tienen derecho a presentar apelación.
El caso Intellexa ya atrajo atención fuera de Europa. En 2024, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones contra el consorcio por desarrollar y distribuir herramientas espía que se utilizaron para vigilar a funcionarios y periodistas estadounidenses.