Salir de este estancamiento tecnológico resulta casi imposible.

El obsoleto lenguaje de programación COBOL, que durante décadas sustentó los sistemas estatales y financieros, volvió a estar en el centro de atención. La pandemia de Covid-19 mostró que la dependencia de esas tecnologías puede convertirse en problemas graves — desde la escasez de especialistas hasta pérdidas económicas de miles de millones.
En 2020, las autoridades del estado de Nueva Jersey se enfrentaron a una dificultad inesperada: para actualizar el sistema de prestaciones por desempleo no hubo suficientes desarrolladores con dominio de COBOL. Esta plataforma, creada en la década de 1960, no pudo manejar el aumento repentino de solicitudes. Problemas similares surgieron en otros estados de Estados Unidos. Según estimaciones aproximadas, la ineficiencia de COBOL le costó a la economía estadounidense aproximadamente 105 mil millones de dólares ese año.
A pesar de la crisis, no se logró abandonar el lenguaje. Incluso después de la modernización del sistema en Nueva Jersey, los procesos clave siguen funcionando en mainframes con COBOL. Esta dependencia se explica por la magnitud de su adopción: a principios de los años 2000, alrededor del 80 por ciento de las 300 mil millones de líneas de código en el mundo estaban escritas en él. Hoy COBOL continúa atendiendo bases de datos gubernamentales y procesa diariamente operaciones financieras por billones de dólares.
El lenguaje apareció en 1959 con la participación de representantes de la industria informática estadounidense, incluida Grace Hopper. Los desarrolladores intentaron crear una herramienta universal que se pudiera usar en distintas máquinas sin reescribir los programas. COBOL fue concebido para ser lo más legible posible: con una sintaxis cercana al idioma inglés, de modo que incluso personas no especializadas pudieran trabajar con él.
Sin embargo, en la práctica la legibilidad resultó ser una ilusión. En programas grandes la estructura se transformaba rápidamente en un código enmarañado, sobre todo por el uso intensivo de saltos GO TO. El matemático Edsger Dijkstra criticó duramente ese enfoque, considerando que destruía el pensamiento lógico y volvía el código incomprensible.
Incluso los defensores del lenguaje reconocían que mucho dependía del nivel del desarrollador. En manos hábiles, COBOL seguía siendo una herramienta potente, pero con una implementación deficiente se convertía en un sistema caótico y difícil de mantener. Otro problema fue la arquitectura: los módulos no podían intercambiar datos con flexibilidad, de modo que cualquier cambio afectaba a todo el código y podía provocar fallos graves.
Hoy, grandes empresas, incluida IBM, intentan ofrecer herramientas para la traducción automatizada de sistemas COBOL a lenguajes modernos mediante IA generativa. Pero la migración automática a menudo produce código híbrido que conserva la estructura antigua y pierde las ventajas de las nuevas tecnologías.
Al final, las organizaciones quedan atrapadas: renunciar a COBOL es difícil y mantenerlo se vuelve cada vez más costoso. Dicho de otra forma, las tecnologías antiguas rara vez desaparecen por sí solas. Y cuanto más profundamente están integradas en el sistema, más caro resulta su mantenimiento inactivo y más difícil se vuelve cualquier paso adelante.