El equipo decidió adoptar medidas que hasta ahora parecían impensables.

Uno de los proyectos más destacados en el ámbito de las finanzas descentralizadas atraviesa un momento decisivo. El cofundador del protocolo Balancer, Fernando Martinelli anunció el cierre de Balancer Labs —la empresa que estuvo en los orígenes del desarrollo y despliegue del sistema. La decisión se tomó tras varios meses de trabajo intenso y de análisis del futuro del proyecto en el contexto de la crisis.
Los últimos seis meses han sido para el equipo los más duros desde el lanzamiento de Balancer. El hackeo en noviembre de 2025, el golpe a la reputación y la caída del precio del token por debajo del valor neto de los activos pusieron en duda la sostenibilidad de todo el ecosistema. Martinelli reconoció que la estructura corporativa de Balancer Labs se había convertido en una carga: la empresa asume riesgos legales por incidentes pasados y no cuenta con fuentes de ingresos estables.
El propio protocolo continúa funcionando. En los últimos tres meses generó más de un millón de dólares en comisiones anualizadas. El problema, según el equipo, no está en la tecnología, sino en el modelo económico y en los gastos excesivos. Precisamente esos gastos se someterán a revisión.
El equipo propone cambios radicales. El plan contempla renunciar a la emisión del token BAL, que antes diluía las participaciones de los poseedores y alimentaba mecanismos de incentivos poco eficaces. También se prevé abandonar el modelo veBAL, que con el tiempo provocó un sesgo en la gobernanza debido a la influencia de actores externos y de los mercados de recompensas.
Otra dirección clave es la redistribución de las comisiones. Se planea destinar todos los ingresos del protocolo a la tesorería de la DAO, y reducir la participación del propio protocolo en la versión V3 al 25 por ciento para atraer liquidez orgánica. Paralelamente se discute la recompra de tokens BAL, que permitiría a los inversores salir a un precio justo.
El equipo pretende centrarse en un conjunto limitado de productos y reducir los gastos operativos. Se trata de desarrollar tipos concretos de pools y renunciar a expandirse a numerosas redes de bajo rendimiento.
Se planea trasladar a los empleados de Balancer Labs a una nueva estructura operativa, Balancer OpCo, si la comunidad aprueba la propuesta correspondiente. Martinelli, tras el cierre de la empresa, dejará de participar formalmente en el proyecto, pero está dispuesto a ayudar como asesor.
A pesar de la crisis, el autor de la iniciativa considera que Balancer aún tiene una oportunidad de recuperación. El próximo año será decisivo: el equipo debe demostrar que el modelo renovado puede recuperar la confianza y garantizar un desarrollo sostenible.