Un atasco frena a los astronautas rumbo a la Luna — el mismo problema que desespera a millones cada día.

Mientras la humanidad vuelve a aprender a volar hacia la Luna, ni siquiera en órbita se logran dejar atrás los antiguos problemas terrestres. Durante la misión Artemis II los astronautas se enfrentaron a una dificultad inesperada, conocida por millones de trabajadores de oficina: fallos en Microsoft Outlook.
El 1 de abril la tripulación de cuatro astronautas de Estados Unidos y Canadá emprendió un vuelo de diez días alrededor de la Luna. El vuelo reproduce en gran medida la histórica misión Apolo 10, que en 1969 fue el ensayo general antes del alunizaje humano. Sin embargo, en lugar de los enigmas técnicos del pasado, la tripulación se topó con una situación mucho más prosaica.
Durante una transmisión en directo de la NASA a primeras horas de la mañana, uno de los miembros de la misión, Reid Wiseman, informó sobre problemas con el cliente de correo. Según él, en el sistema aparecen dos versiones de Microsoft Outlook al mismo tiempo, pero ninguna funciona. El comentario se produjo cuando el centro de control ya discutía otro asunto técnico y proponía una conexión remota al sistema a bordo — casi como lo hacen los especialistas informáticos en la Tierra.
La situación resulta especialmente irónica dada la preparación de la tripulación. Los astronautas siguen entrenamientos durante años, trabajan en condiciones extremas y toman decisiones de las que dependen el éxito de la misión y la seguridad del equipo. No obstante, incluso en el espacio siguen siendo vulnerables ante fallos del software de uso cotidiano.
Tras mencionar el problema, la conversación cambió rápidamente a otras tareas, y en la transmisión no volvieron a tratar el tema de Outlook. Los representantes de la misión aún no han comentado si lograron restaurar el funcionamiento del correo a bordo.
La historia añade un matiz inesperado a los vuelos espaciales modernos: pese a las tecnologías avanzadas y a presupuestos enormes, algunas dificultades siguen siendo sorprendentemente terrenales.