Parece que la carrera interminable hacia el progreso se ha estancado definitivamente.

El gigante taiwanés de semiconductores TSMC decidió no apresurarse en la transición a las máquinas más avanzadas de ASML, y para el mercado de chips ese paso suena más fuerte que una pausa habitual en las compras. La producción de procesadores para IA ya se ha vuelto tan cara que incluso los mayores actores han empezado a calcular con más cuidado dónde las nuevas tecnologías realmente ofrecen ventajas y dónde se convierten en un gasto excesivo.
Según Bloomberg, el mayor fabricante por contrato de chips aplazará hasta 2029 la implementación de los más recientes sistemas EUV de ASML, el fabricante neerlandés de equipos de litografía. Se trata de las máquinas más complejas para la producción de chips, cuyo coste ahora supera los 350 millones de euros por unidad. La empresa considera que el equipo actual todavía permite obtener el resultado deseado, y que una transición posterior ayudará a contener los costes.
La decisión de TSMC puede ser una señal negativa para ASML. El fabricante taiwanés es considerado el cliente más grande de la compañía, y los inversores observan atentamente la rapidez con que el mercado adopta la nueva generación de sistemas de litografía. ASML espera que el uso masivo de esas máquinas comience en 2027-2028, y que los ingresos alcancen los 60 000 millones de euros para 2030.
La presión sobre los fabricantes de microchips crece por el auge de la IA. Una planta moderna para fabricar chips avanzados cuesta aproximadamente entre 20 000 y 30 000 millones de dólares, y hasta las máquinas EUV de nivel inicial pueden costar alrededor de 200 millones de dólares. En ese contexto, TSMC, según Bloomberg, decidió prolongar la vida útil de las líneas ya existentes y no apresurarse a comprar los sistemas más caros.
Para ASML, la demora por parte de un cliente clave puede complicar los planes de venta del nuevo equipo. Para toda la industria, la decisión de TSMC muestra otro problema: la carrera por chips de IA más potentes con frecuencia choca no solo con la tecnología, sino también con el coste máximo de la producción.