¿Quieres arruinar tu reputación empresarial? Basta con cenar con un inversor.

En Silicon Valley volvieron a idearon una forma de dividir a las personas en «los suyos» y «los no suyos», solo que ahora para ello se usa cada vez más la palabra «señal». Así, en el entorno tecnológico se llaman señales a los rasgos por los que los fundadores de startups, los inversores y las personas públicas son rápidamente etiquetados como prometedores o, por el contrario, dudosos.
El sentido es simple. «señal alta» significa que la persona parece un actor fuerte: elige correctamente las plataformas, se comunica con la audiencia adecuada, participa en proyectos llamativos y no da la impresión de esforzarse demasiado por agradar. Esa imagen puede ayudar con la reputación, los contactos y el interés por parte de los inversores.
El rótulo contrario se denomina «anti-señal». El New York Times cita diferentes ejemplos: asistir a cenas de inversores de capital riesgo, el distintivo «open to work» en LinkedIn, aparecer en Forbes 30 Under 30 e incluso haber captado fondos de capital riesgo. La lógica general se reduce a una sola cosa: si la acción parece demasiado ostentosa, parte de la audiencia la interpreta como una debilidad.
Los términos ya han trascendido las bromas en las redes sociales. Se emplean en blogs, comentarios públicos y descripciones del entorno empresarial. Un representante de OpenAI, Chris Lehane, llamó a la audiencia del podcast Technology Business Programming Network «señal alta», y la división de Andreessen Horowitz escribió sobre un entorno «señal alta» para la búsqueda de talento.
La historia muestra lo fuertemente que en el mundo tecnológico funcionan no solo el producto, el capital o la experiencia, sino también la reputación informal. Ese sistema no tiene reglas claras, por lo que un mismo paso puede parecer un movimiento acertado para unos y una mala señal para otros. Al final, la nueva moda de la «señal» se ha convertido en otra manera de evaluar el estatus mucho antes de los resultados reales.