El troyano Auto-Color afectó a una empresa estadounidense desde dentro durante tres días.
Parecía un código inofensivo, pero engañó a todos y se convirtió en la mayor amenaza de la década.
Los antiguos miembros del grupo han desaparecido del radar, pero sus tácticas han resurgido en la primera línea del ciberespacio.
Ni una sola línea de código malicioso: los piratas informáticos recurrieron enteramente a la ingeniería social.
Un clic desapercibido durante una llamada le cuesta a las víctimas una fortuna.
Group-IB revela un sofisticado plan fraudulento.
El popular servicio de comunicación se ha convertido en un canal ideal para la filtración de datos.