Parece que ya no podemos fiarnos ni de nuestros propios ojos.

Alrededor de la plataforma de entrega DoorDash estalló recientemente un escándalo después de que apareciera en la red un reporte sobre un intento de engaño por parte de uno de los repartidores. Un residente de la ciudad de Austin (estado de Texas) llamado Bernard Hobart contó que hizo un pedido que fue marcado instantáneamente como entregado. En lugar de una foto real le enviaron una imagen generada por IA en la que supuestamente se mostraba el pedido en su puerta. Por supuesto, en realidad no se entregó ningún pedido: el repartidor simplemente se lo apropió.
Más tarde otro usuario confirmó que se encontró con una situación similar, además con el mismo repartidor llamado Matthew y también en Austin. Esto solo avivó el interés por lo ocurrido y aumentó la repercusión pública.
Como señaló el primer afectado, el atacante probablemente usó una cuenta comprometida y un teléfono inteligente modificado. Es posible que la imagen de la puerta del cliente se obtuviera a través de una función integrada de DoorDash que permite ver fotos de entregas anteriores. Esta combinación de acceso y pruebas visuales falsificadas podría haber permitido al repartidor presentar pedidos no entregados como entregados.
La compañía DoorDash reaccionó con rapidez. Un portavoz del servicio informó que tras la verificación la cuenta del repartidor fue eliminada y al cliente se le devolvió el dinero. En la empresa subrayan que el fraude es inaceptable y que para detectarlo se emplean tanto controles automatizados como moderación manual.
El incidente plantea una cuestión importante sobre lo fácil que resulta abusar de las capacidades tecnológicas incluso en situaciones cotidianas como la entrega de comida. Asimismo, queda evidente lo vulnerables que pueden ser tanto los clientes como las plataformas digitales sin mecanismos adicionales de protección frente a escenarios similares.