Se pueden tirar los libros de física otra vez. Astrónomos encuentran en el espacio una anomalía que rompe todas las reglas

Se pueden tirar los libros de física otra vez. Astrónomos encuentran en el espacio una anomalía que rompe todas las reglas

Por qué el gas en cúmulos antiguos se calentó miles de millones de años antes de lo previsto

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En algún lugar en el límite del amanecer cósmico, los astrónomos encontraron algo que según los manuales no debería existir. En el muy joven protoclúster de galaxias SPT2349-56, que vemos tal como era hace más de 12.000 millones de años, se detectó un enorme volumen de gas calentado a temperaturas extremas, y eso socava los fundamentos de los modelos cosmológicos habituales.

SPT2349-56 es un futuro cúmulo galáctico en el Universo temprano. Según las ideas actuales, el gas entre galaxias en sistemas así, en una etapa tan temprana, debería ser comparativamente frío y debería haber menos, porque el calentamiento principal suele acumularse de forma gradual durante miles de millones de años, a medida que la gravedad comprime la materia y acelera los choques en cúmulos maduros. Pero en las nuevas observaciones este gas intergaláctico resultó ya demasiado caliente y bastante abundante.

El equipo de científicos de la Universidad de Columbia Británica declaró que la señal al principio parecía sospechosamente fuerte, pero tras las comprobaciones los investigadores concluyeron que el gas es en realidad al menos cinco veces más caliente de lo que predicen los modelos para esa época, y en términos de energía es comparable, e incluso en algunos lugares supera, lo que se observa en algunos cúmulos actuales.

Ver directamente este gas es casi imposible: está demasiado lejos y es demasiado débil. Por eso los científicos utilizaron ALMA en Chile y buscaron el efecto Sunyaev–Zeldovich, una pequeña distorsión de la luz más antigua del Universo que se produce cuando la radiación cósmica de fondo atraviesa el gas intracúmulo caliente. Precisamente por esa huella pudieron estimar la reserva de energía térmica del sistema.

No está claro qué calentó tan rápidamente el medio. Como candidatas se discuten la vida estelar extremadamente activa del propio protoclúster —donde las estrellas nacen miles de veces con más intensidad que en la Vía Láctea— y en los núcleos galácticos operan al menos varios agujeros negros supermasivos, que pueden calentar el gas circundante con potentes expulsiones y chorros. Si esto se confirma en otros objetos de la misma época, habrá que revisar cuán pronto en la historia del Universo se activaron los mecanismos de retroalimentación que forman los cúmulos futuros.

Los autores subrayan que un solo objeto no establece la regla, y ahora hacen falta mediciones independientes y la comparación con otros protoclústeres lejanos. Pero el hallazgo encaja bien en la ola general de sorpresas de los últimos años, cuando instrumentos nuevos como JWST muestran con regularidad que el Universo temprano pudo ser mucho más energético y agresivo de lo que solíamos pensar.

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