La habilidad secreta de nuestras mascotas peludas pone en duda todo lo que creíamos saber sobre ellas.

Algunos perros no solo escuchan con atención — realmente entienden lo que dicen las personas. Un nuevo estudio mostró que ciertos animales pueden aprender los nombres de objetos, incluso cuando el habla no está dirigida a ellos directamente. Estas capacidades son comparables a cómo los niños pequeños comienzan a comprender el lenguaje simplemente por estar cerca de adultos que hablan. Ese resultado pone en duda las ideas previas sobre las capacidades cognitivas de los animales domésticos y abre nuevos horizontes en el estudio de la comunicación entre especies.
Un equipo de especialistas de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, dirigido por Shani Dror, realizó una serie de experimentos en los que se proporcionaron juguetes a los perros y sus propietarios los nombraban en voz alta, pero sin dirigirse a las mascotas directamente. Tras ello, los animales pudieron elegir con precisión los objetos correspondientes a los nombres pronunciados, aunque antes no se les hubiera enseñado esos nombres de forma directa. Esta habilidad se denomina aprendizaje pasivo — los animales simplemente escuchaban las palabras en segundo plano y las memorizaban.
Durante las observaciones se descubrió que algunos perros tienen un desarrollo especialmente marcado de la percepción social, que recuerda al comportamiento de niños de un año y medio. Esto se manifiesta en la capacidad de asociar un sonido con un objeto sin un entrenamiento directo. Algo similar se había observado antes en individuos particulares; sin embargo, esta vez el fenómeno se confirmó en condiciones controladas.
Para descartar la posibilidad de elecciones aleatorias, los investigadores previeron medidas adicionales. Por ejemplo, se familiarizaba a los perros con los juguetes de antemano, pero sin pronunciar sus nombres. Esto permitió separar la influencia de la novedad del procesamiento lingüístico — se sabe que los perros adoran los juguetes nuevos y pueden interesarse por ellos independientemente de la relación semántica.
Los autores del estudio subrayan que no todos los perros poseen tales habilidades — se trata de un pequeño grupo de animales con un interés marcado por el habla humana y una mayor sensibilidad a los sonidos. No obstante, este hallazgo vuelve a poner de manifiesto la complejidad de los procesos cognitivos accesibles a los animales y amplía la percepción sobre los límites de su comprensión del lenguaje.