Citizen Lab detecta indicios de espionaje digital en los teléfonos de activistas y periodistas jordanos.

Jordania se está adentrando cada vez más en el control digital de su propia sociedad, y ahora esto queda confirmado por pruebas técnicas. Investigadores internacionales determinaron que las fuerzas de seguridad del país han utilizado durante varios años productos de software de la empresa israelí Cellebrite para hackear smartphones de activistas, defensores de derechos humanos, periodistas y estudiantes. No se trata de episodios aislados, sino de una práctica sistémica que, según la investigación, continúa al menos desde 2020.
La investigación fue realizada el laboratorio Citizen Lab de la Universidad de Toronto junto con periodistas de OCCRP. Los expertos analizaron dispositivos móviles que habían sido incautados previamente a miembros de la sociedad civil durante detenciones, interrogatorios y arrestos, y que luego fueron devueltos a sus propietarios. En los teléfonos inteligentes encontraron rastros técnicos del uso de herramientas forenses de Cellebrite destinadas a extraer datos de iPhone y dispositivos Android. Estas herramientas permiten acceder a mensajes, fotografías, historial del navegador, contraseñas, geolocalización, datos de aplicaciones e incluso información eliminada.
En el informe se describen siete casos concretos relacionados con activistas, estudiantes, defensores de derechos humanos y periodistas ciudadanos. En algunos casos se abrieron los dispositivos sin el consentimiento de los propietarios; en otros, se obligó a las personas a desbloquear los teléfonos bajo presión, incluido el uso de Face ID mientras se sujetaba físicamente a la persona. En uno de los episodios, una persona encontró su contraseña escrita en cinta adhesiva pegada al cuerpo del teléfono, aunque no se la había contado a nadie.
Parte de las pruebas se obtuvo no solo de los propios dispositivos, sino también de documentos judiciales. En los materiales de los casos penales relacionados con la llamada «ley de ciberdelitos» de 2023 se menciona explícitamente el uso del software de Cellebrite para la «pericia técnica» de los teléfonos inteligentes. Además, en varios casos se extrajeron todos los datos de los dispositivos, aunque formalmente a la investigación le bastaba comprobar la existencia de una cuenta concreta en redes sociales. Esto indica una intromisión masiva y desproporcionada en la vida privada.
El contexto de estos casos está relacionado con las protestas masivas en Jordania, incluidas acciones en apoyo de Palestina tras los acontecimientos en Gaza. La nueva ley de ciberdelitos, aprobada en 2023, amplió sustancialmente las atribuciones de las autoridades e introdujo formulaciones imprecisas como «incitación al odio», «subversión del orden público» y «difusión de noticias falsas», lo que permite usarla contra cualquier forma de disidencia en internet.
Los investigadores subrayan que ese uso de la informática forense contra la sociedad civil viola las normas internacionales de derechos humanos que Jordania ratificó oficialmente. Según su evaluación, las tecnologías de Cellebrite se convierten en la práctica en herramientas de presión política y represión, y no en instrumentos para la investigación legítima de delitos.
La empresa Cellebrite, en respuesta a solicitudes, declaró que «el uso ético y legal de las tecnologías es una prioridad», pero se negó a comentar casos concretos, citando su política interna. En Citizen Lab señalan que esas respuestas ambiguas no refutan los hechos ni aclaran si la empresa investigará posibles abusos de sus productos.
Los autores del informe consideran que la situación en Jordania muestra con claridad cómo las herramientas de pericia digital, originalmente creadas para la lucha contra el crimen, pueden convertirse en un medio de control masivo sobre la sociedad. En esencia, se trata de una nueva forma de represión digital, en la que el teléfono inteligente se convierte en la principal fuente de vulnerabilidad para activistas y periodistas, y el acceso a datos de la vida privada se utiliza como palanca de presión e intimidación.