Huawei calificó de discriminatorias las nuevas restricciones de la UE al mercado 5G.

La Unión Europea se prepara para una amplia revisión de su seguridad digital, y las mayores empresas tecnológicas chinas podrían verse afectadas. Las nuevas iniciativas de la Comisión Europea, presentadas esta semana, ya provocaron una reacción airada de Pekín y generaron conversaciones sobre una posible nueva ola de proteccionismo tecnológico.
Se trata de un proyecto de reforma de la Ley de Ciberseguridad de la UE y de la directiva sobre la seguridad de redes e información. El documento propone eliminar de forma gradual el uso de equipos y soluciones de los llamados «proveedores de alto riesgo» en la infraestructura crítica de los países de la UE. Según los autores de la iniciativa, esto debería reducir la vulnerabilidad de las cadenas de suministro en el contexto de la tensión geopolítica, los ataques de grupos de hackers, ciberespionaje y el aumento de ataques de extorsión.
La Comisión Europea subraya que hoy la seguridad de los suministros ya no se reduce solo a la calidad de las tecnologías. Se tienen en cuenta las dependencias respecto a determinados países, los riesgos de influencia externa y la posible presión política sobre los proveedores. En el marco de la reforma se planea introducir procedimientos de prueba y certificación de empresas de TI más estrictos y claros, así como crear un sistema de reconocimiento de fabricantes de confianza.
El proyecto indica por separado que los operadores de redes de telecomunicaciones dispondrán de hasta tres años para la retirada completa de componentes de empresas consideradas un riesgo cibernético significativo. Aunque los documentos no mencionan estados concretos, los proveedores chinos llevan tiempo considerados en la UE como una amenaza potencial.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de China ya criticó la iniciativa. Pekín afirmó que las empresas chinas operan en Europa dentro de la ley y que nunca han amenazado la seguridad nacional de los países de la UE, y calificó el enfoque de Bruselas como un movimiento en el «camino equivocado del proteccionismo».
Las preocupaciones sobre los fabricantes chinos de equipos de telecomunicaciones, incluyendo Huawei y ZTE, existen en Europa desde hace años. Anteriormente varios países ya habían impuesto restricciones a su participación en la construcción y el mantenimiento de redes de comunicaciones, pero esos pasos se basaban en un enfoque orientativo de la UE. Al mismo tiempo, no todos los Estados actuaron con la misma dureza. En particular, España despertó la inquietud de aliados por su cooperación con empresas chinas, aunque en 2024 Madrid rescindió un contrato con Huawei por 10 millones de euros tras la presión de legisladores estadounidenses.
En Huawei han declarado que los intentos de restringir a proveedores no europeos por su país de origen, y no basándose en criterios técnicos y pruebas fácticas, contradicen los principios de justicia, no discriminación y las normas de la OMC.
Al mismo tiempo, en la UE aumenta la preocupación por la dependencia de tecnologías estadounidenses. Las decisiones sancionadoras drásticas e impredecibles de Donald Trump, las prohibiciones de uso de servicios de empresas estadounidenses y las declaraciones políticas duras, incluida la retórica sobre Groenlandia, han reforzado el debate sobre la soberanía digital de Europa. El director ejecutivo de Microsoft, Brad Smith, ya prometió impugnar en los tribunales cualquier intento de Estados Unidos de obligar a la empresa a cesar la operación de servicios en la nube en Europa, y riesgos similares se discuten activamente en el marco de las investigaciones antimonopolio en la UE.
Aún no hay una reacción oficial de Washington a las iniciativas de la Unión Europea. No obstante, Estados Unidos, compartiendo la preocupación por las tecnologías chinas, en los últimos meses critica con más frecuencia las leyes digitales europeas por ser desfavorables para las empresas tecnológicas estadounidenses e incluso amenaza con medidas comerciales contra determinados países de la UE.
En la práctica Europa intenta construir su propio modelo de seguridad digital, reduciendo la dependencia de varios centros de poder geopolítico a la vez. Pero cuanto más activo sea Bruselas en cerrar el mercado a actores externos, mayor será la presión tanto de China como de Estados Unidos.