Sin decisiones como estas, el futuro de toda la electrónica pinta bastante incierto.

El litio se está convirtiendo poco a poco en ese recurso por el que se aferran con desesperación varios sectores a la vez — desde los vehículos eléctricos hasta la energía. En este contexto, los mineros y los ingenieros miran cada vez más hacia minerales "alternativos" que podrían aliviar el mercado, y uno de esos candidatos resultó ser la petalita.
La Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth de Australia (CSIRO) describe la petalita como un complemento prometedor al espodumeno habitual. Este silicato de litio y aluminio se encuentra en pegmatitas junto con otros minerales que contienen litio, y se conocen yacimientos significativos en África, en países de América y en Australia Occidental. La petalita hace tiempo que se valora en la industria por su dureza y su resistencia al calor; se emplea en vidrio y cerámica en los que es importante la resistencia a los arañazos y a las altas temperaturas.
El problema principal es que extraer el litio de la petalita resulta más difícil; por lo general se necesita más calor y presión. En CSIRO intentan sortear esa dificultad con una nueva tecnología, LithSonic, desarrollada con el apoyo del centro australiano Critical Minerals R&D Hub.
La idea central consiste en el enfriamiento ultrarrápido: a altas temperaturas el litio se convierte en vapor y tiende a reaccionar de manera inversa, por lo que resulta difícil mantenerlo en forma metálica. LithSonic emplea un flujo supersónico y un enfriamiento por choque para estabilizar el metal casi de inmediato.
Se prevé aplicar el desarrollo a distintos tipos de materias primas que contienen litio, incluida la petalita. Como resultado, es posible obtener litio en forma de polvo o lingotes, adecuados para baterías de vehículos eléctricos, para la electrónica y para aleaciones de aluminio.