Un joven moscovita de 18 años entregó a mensajeros vinculados a una estafa rublos, divisas y relojes por un valor superior a 80 millones de rublos.

Una llamada desde la "policlínica" se convirtió para un moscovita de 18 años en la pérdida de los ahorros y bienes familiares por un monto superior a 80 millones de rublos. Los estafadores convencieron al estudiante de que su cuenta en el portal estatal de servicios había sido hackeada y que se estaba preparando una revisión y un registro en su contra.
Al principio, una persona que se identificó como empleado de la clínica llamó al joven y le ofreció inscribirse para un chequeo médico. El estudiante facilitó al interlocutor datos personales y el código recibido por SMS. Poco después, le llegó un mensaje sobre el hackeo de la cuenta con números de teléfono a los que supuestamente se podía solicitar ayuda.
El moscovita llamó a uno de los números indicados. Un desconocido confirmó el supuesto hackeo y propuso contactar con un funcionario del órgano de control financiero a través de un canal de comunicación cerrado. Para conectarse, el estudiante siguió el enlace enviado.
Luego los estafadores informaron que, en nombre del joven, habían otorgado un poder para gestionar el dinero a favor de un ciudadano de otro país. Según ellos, el documento era motivo de una revisión y de un posible registro del apartamento. Los delincuentes exigieron mantener la máxima discreción y prohibieron contar lo ocurrido a los familiares.
Bajo la presión de los estafadores, el estudiante firmó un falso "compromiso de no divulgación", reunió los rublos que tenía en casa, moneda extranjera y relojes de lujo, y luego embaló los objetos de valor. En el transcurso de un día se reunió tres veces con mensajeros y les entregó la propiedad por partes, cada vez pronunciando una frase clave.
El perjuicio total superó los 80 millones de rublos. La Fiscalía de Moscú controla la investigación y está identificando a todos los implicados en el delito.
Las fuerzas del orden instaron a no abrir enlaces de desconocidos, a no facilitar datos personales ni códigos SMS, así como a verificar nuevamente la información recibida durante llamadas sospechosas. Los verdaderos empleados de los organismos estatales y de las fuerzas del orden no solicitan entregar dinero a mensajeros, transferir fondos a cuentas especiales ni comunicarse mediante aplicaciones de mensajería.