Experimentos muestran que, en ciertos aspectos, los psicólogos virtuales nos han superado.

Los chatbots con inteligencia artificial pueden apoyar a una persona tan bien como un interlocutor, y en casos de miedo e ira a veces ofrecen respuestas más útiles. Lo decisivo no es el autor del mensaje, sino el contenido del consejo. Los pasos concretos ayudan notablemente más que las palabras generales de consuelo y las promesas de que todo se arreglará.
Un estudio abarcó cinco experimentos con la participación de 1233 personas. Los investigadores compararon el apoyo emocional de tres modelos de lenguaje: ChatGPT 4o, Claude 3.5 Sonnet y Gemini 1.5 Pro. El grupo de control estuvo formado por personas comunes que respondieron a las mismas situaciones cotidianas con fuerte carga emocional.
A los participantes se les pidió que imaginaran contratiempos conocidos por muchos. En un caso, a una persona no la ascendieron en el trabajo aunque esperaba un nuevo puesto. En otro, volvía a casa y veía el desorden dejado por los vecinos. Los autores deliberadamente no incluyeron casos clínicos, trastornos mentales ni situaciones de crisis. La prueba se refería al apoyo cotidiano que suelen dar amigos, familiares o colegas.
Los receptores no sabían quién había escrito el mensaje: una persona o un modelo de lenguaje. Muchos, sin embargo, acertaron la fuente por el estilo de la respuesta. No obstante, el reconocimiento de la inteligencia artificial no redujo la utilidad en los experimentos en los que las respuestas de los modelos se evaluaron mejor. Saber que el texto lo había preparado un chatbot no impedía a los participantes sentir alivio.
Los modelos funcionaron mejor frente a la ira y el miedo. Las respuestas de la inteligencia artificial se percibieron con más frecuencia como atentas y de apoyo, y tras leerlas las personas se sintieron con más calma y otras emociones positivas. En la tristeza no se detectó una diferencia notable entre los modelos y los interlocutores humanos.
En su estructura, las respuestas de los modelos de lenguaje repetían en gran medida las formas habituales humanas de apoyo. El más cercano a las personas fue ChatGPT. El modelo usó combinaciones parecidas de empatía, explicaciones y sugerencias que deberían ayudar a afrontar las emociones.
El simple reconocimiento de los sentimientos resultó insuficiente. Frases que afirman que la angustia, la ira o el miedo son comprensibles, por sí solas, no explicaron la ventaja de la inteligencia artificial. Los investigadores añadieron y eliminaron deliberadamente el reconocimiento emocional, pero las valoraciones de utilidad apenas cambiaron.
Lo que más influyó en el resultado fueron las recomendaciones concretas que se pueden ejecutar de inmediato. Técnicas de respiración, el análisis paso a paso de un pensamiento ansioso o un plan claro de la siguiente acción ayudaban a la persona a manejar mejor las emociones. Consejos de ese tipo mejoraban el estado independientemente de quién los escribiera.
Un interlocutor habitual a menudo se limitaba a proponer salir a pasear, distraerse o tomar un té. El chatbot con más frecuencia desarrollaba el consejo: reconocía la experiencia, descomponía las acciones posteriores en varias etapas y ofrecía una manera concreta de mirar la situación de otro modo. La estructura de la respuesta daba a la persona un apoyo claro en lugar de un consuelo difuso.
Los autores no afirman que la inteligencia artificial siempre apoye mejor que las personas. El efecto dependió de la emoción concreta y del resultado que se midiera. En la ira y el miedo los modelos obtuvieron una ventaja; en la tristeza la diferencia fue mínima. Los resultados tampoco permiten extrapolar las conclusiones a estados psicológicos graves, donde se requiere ayuda de un especialista.
El interés por los chatbots como interlocutores emocionales ya ha salido del ámbito de los experimentos de laboratorio. Según las encuestas citadas en el estudio, el 66% de los habitantes del Reino Unido de entre 25 y 34 años al menos a veces discutían problemas emocionales con inteligencia artificial en lugar de con allegados. En Estados Unidos, ChatGPT para gestionar sus emociones lo usó el 20% de los jóvenes de 18 a 21 años. Entre los que acudieron al servicio, el 92,7% consideró los consejos útiles.
Las altas valoraciones no significan que un chatbot pueda sustituir la presencia de otra persona. La inteligencia artificial puede aconsejar salir a pasear o un ejercicio de respiración, pero su intervención termina al enviar el mensaje. Un ser querido puede acompañar, escuchar la continuación de la conversación y dedicar su propio tiempo a ayudar.
El apoyo humano exige esfuerzo, atención y tiempo libre, que a menudo falta incluso entre familiares y amigos. El chatbot no se cansa y puede ofrecer de inmediato un plan detallado, pero no comparte la vivencia ni participa en las acciones posteriores. La diferencia es especialmente importante en situaciones en las que una persona necesita seguridad, supervisión continua o ayuda profesional.