Mercurio se contrajo más de lo que creíamos: los impactos ocultaron sus arrugas.

Mercurio se contrajo más de lo que creíamos: los impactos ocultaron sus arrugas.

Depósitos de impactos sepultaron antiguas fallas y crestas que los científicos usan para reconstruir la historia del enfriamiento del planeta.

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Mercurio, a lo largo de su historia, pudo haber perdido hasta 23 kilómetros de diámetro, notablemente más que estimaciones anteriores. Los autores del nuevo estudio concluyeron que los impactos de asteroides y el material expulsado por ellos ocultaron parte de las huellas de compresión del planeta, por lo que a partir de la superficie visible los científicos habían subestimado la reducción de sus dimensiones en un 10–30%.

Mercurio se contrae a medida que se enfría su interior. La contracción de las capas internas comprime la corteza, que se fractura y se pliega sobre sí misma, dejando largas fallas y crestas. Por el número y el tamaño de esas estructuras, los planetólogos estiman cuánto ha cambiado el radio del planeta.

El problema surgió porque las huellas tectónicas están distribuidas de forma desigual en la superficie. Si el enfriamiento global contrae Mercurio en su conjunto, no debería existir un déficit pronunciado de pliegues y fallas en determinadas regiones. Los investigadores plantearon que parte de las estructuras no están ausentes, sino que simplemente ya no son visibles.

Para comprobar la hipótesis, el equipo elaboró un mapa global de rugosidad superficial y lo comparó con las estructuras de compresión conocidas. Como base se usaron los datos de la sonda MESSENGER, que operó en órbita de Mercurio durante más de cuatro años. La relación resultó ser clara: cuanto más fragmentada y geológicamente más joven es una zona, menos fallas y crestas antiguas se detectan en ella.

El efecto es especialmente evidente cerca de cráteres de impacto relativamente jóvenes. Al chocar un gran cuerpo con Mercurio, la roca sale despedida alrededor del cráter y forma una capa desigual de ejecta. Ese material puede llegar a cubrir parcial o totalmente estructuras tectónicas más antiguas. En la región del cráter Rachmaninov, los investigadores encontraron precisamente ese escenario: en áreas con ejecta grueso de impacto disminuye la cantidad visible de huellas de compresión.

Tras corregir por las estructuras ocultas, una de las estimaciones de la contracción del radio aumentó de 8,3 a 11,6 kilómetros. Una reducción del radio de 11,6 kilómetros corresponde a una pérdida de aproximadamente 23 kilómetros de diámetro. En el propio artículo los autores formulan el resultado con más cautela: el registro tectónico indica al menos 6,9 kilómetros de contracción radial, y si se atribuyen todas las estructuras identificadas al enfriamiento global, la cifra puede superar los 11,6 kilómetros.

Incluso la cifra corregida puede seguir estando subestimada. Parte de las deformaciones podría no haber dejado huellas bien distinguibles, las estructuras antiguas podrían cubrirse con depósitos volcánicos posteriores, y la resolución del modelo global de relieve existente no permite identificar con seguridad las formas más pequeñas. Por eso, los 23 kilómetros deben considerarse una estimación del posible cambio de diámetro, y no una medida definitiva.

Una contracción mayor modifica las restricciones para los modelos del interior de Mercurio. El tamaño de la contracción depende de la rapidez con que se enfriaron el manto y el núcleo metálico inusualmente grande, de cuánto calor liberaron los elementos radiactivos y de cómo cambió la estructura interna del planeta a lo largo de miles de millones de años.

Comprobará la nueva estimación la misión BepiColombo, que debe entrar en órbita de Mercurio el 21 de noviembre de 2026. La nave europea incluye el altímetro láser BELA, capaz de medir el relieve con mucho más detalle. Las observaciones científicas de la misión están previstas para empezar en abril de 2027, y los nuevos mapas podrían mostrar fallas y crestas adicionales que MESSENGER no pudo distinguir.

Los autores consideran que el problema no afecta solo a Mercurio. Los cráteres de impacto y sus depósitos de ejecta pueden ocultar las huellas de contracción global en otros cuerpos rocosos. Este error sistemático podría ser especialmente notable en la Luna, cuya superficie también fue remodelada por impactos durante miles de millones de años.