Una señal de radio obliga a la electrónica analógica a emitir el contenido del canal de audio.

Los auriculares con cable demostraron ser capaces de revelar el contenido del sonido reproducido al espacio radioeléctrico, incluso si el atacante no tiene acceso al ordenador, al teléfono inteligente o a los propios auriculares. El método InjectEave permite recuperar el habla a distancias de hasta 30 metros, y en escenarios concretos funciona incluso a través de paredes.
La base del ataque es una variante inusual del canal electromagnético lateral. El habla normal ocupa frecuencias por debajo de 20 kHz, donde los circuitos electrónicos irradian con demasiada debilidad para una interceptación cómoda. InjectEave resuelve el problema de la inducción activa de radiofrecuencia. El atacante dirige al dispositivo una portadora que penetra en sus circuitos eléctricos e interactúa con componentes no lineales.
Amplificadores, convertidores analógico-digitales, convertidores de potencia y transistores mezclan involuntariamente la señal analógica interna con la portadora inducida. Como resultado, el sonido se traslada a una banda donde los conductores y otros elementos del dispositivo empiezan a funcionar como antenas involuntarias. El equipo receptor captura la señal resultante y reconstruye el audio original.
Para el ataque no es necesario comprometer el Wi‑Fi, Bluetooth ni el sistema operativo. Este enfoque recuerda a otros canales físicos inusuales de fuga, incluyendo la transformación de líneas de comunicación comunes en micrófono oculto. El cifrado del tráfico tampoco salva, ya que la información sale del dispositivo ya a través de la parte analógica del equipo.
El equipo probó InjectEave en 11 dispositivos comerciales. Los auriculares con cable Sony ZX110AP permitieron recuperar sonido desde cinco metros, los Apple Earbuds desde un metro. Los inalámbricos UGreen MAX2 y Philips TAH2020 ofrecieron alrededor de seis metros, el HP H231R cerca de cuatro. Una fuga similar apareció en un teléfono VoIP, ventiladores inteligentes y lámparas. A diferencia de los conocidos ataques a auriculares, el nuevo método no depende de errores en el firmware de Bluetooth.
Los 30 metros máximos se obtuvieron al conectar un amplificador de radiofrecuencia convencional. Sin amplificador, las distancias experimentales para los dispositivos probados fueron principalmente de uno a seis metros. Los especialistas también interceptaron sonido a través de una pared de hormigón de 30 cm de grosor y demostraron su funcionamiento en una habitación de hotel y en una sala de reuniones. Las interferencias de radio provenientes de dispositivos Wi‑Fi y Bluetooth en funcionamiento no impidieron la recuperación del habla.
La instalación experimental consiste en un sistema de radio definido por software USRP B210, dos antenas, un analizador de espectro Siglent SSA3075X Plus y un ordenador. Un modelo adicional de procesamiento de voz, SGMSE, limpia la señal recibida de distorsiones por intermodulación y del ruido de fondo. Los autores intencionadamente no revelaron las frecuencias vulnerables ni parte de la lógica de control del ataque, para que los materiales publicados no puedan convertirse directamente en una instrucción de escucha.
En el trabajo de InjectEave, presentado en la conferencia USENIX Security 2026, mostraron también un riesgo más amplio. La misma técnica permite determinar la velocidad de un ventilador inteligente, el brillo de una lámpara y otros parámetros analógicos de baja frecuencia. En el experimento con un teléfono con cable, el sistema se combinó con síntesis de voz: primero la instalación interceptaba la conversación, luego generaba una réplica falsa y la introducía de nuevo en la ruta de audio.
No es posible cerrar completamente ese canal por medios de software. El apantallamiento, los filtros y el par trenzado disminuyen la energía de la señal inducida y dificultan la intercepción, pero los autores no consideran esas medidas una protección absoluta. Un transmisor más potente o antenas direccionales pueden compensar parcialmente las pérdidas.
Las fugas electromagnéticas se consideran desde hace tiempo un canal accesorio real. Anteriormente, equipos compactos permitían interceptar claves de cifrado por la radiación de componentes electrónicos incluso sin conexión al sistema atacado.
En los últimos meses los auriculares se han convertido cada vez más en objetivo de ataques inusuales. En enero, especialistas demostraron cómo errores de Fast Pair permiten tomar el control de auriculares de usuarios cercanos en cuestión de segundos. InjectEave añade a estas amenazas un escenario radicalmente distinto, donde la vulnerabilidad aparece no en el protocolo de comunicación, sino en la propia física de la electrónica analógica.