Una IA abandona el simulador y completa su primer vuelo en un caza Rafale

Una IA abandona el simulador y completa su primer vuelo en un caza Rafale

De momento, la tripulación humana conserva la última palabra. ¿Hasta cuándo?

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Las fuerzas armadas francesas empezaron a probar la inteligencia artificial no solo en laboratorios y simuladores, sino también en el aire. Así, el caza polivalente Rafale, desarrollado por Dassault Aviation para la Fuerza Aérea y la Armada de Francia, se convirtió en plataforma para las pruebas de dos nuevos algoritmos de IA. Uno fue creado por ingenieros de Dassault; el segundo fue desarrollado conjuntamente con Thales a través de la división cortAIx.

La prueba no significa que la red neuronal pilotara el avión de forma autónoma ni que tuviera autorización para emplear armamento. Dassault no reveló el propósito de los algoritmos ni los escenarios de evaluación, pero describe expresamente los desarrollos como parte de un sistema de IA controlado y supervisado por humanos. Las nuevas funciones deben ayudar a la tripulación, no sustituirla en la toma de decisiones críticas.

La compañía considera que ambos desarrollos están lo bastante maduros como para contemplarlos en futuras modernizaciones del Rafale. Dassault no precisó la variante concreta del avión, la configuración del equipo ni los plazos de implementación. Tampoco se sabe qué datos procesaron los algoritmos durante el vuelo, por lo que aún no es posible evaluar sus capacidades operativas reales.

Llevar la IA a bordo impone limitaciones que no existen en los habituales sistemas de cálculo terrestres. Los desarrolladores deben garantizar la calidad de los datos reales y sintéticos, integrar los algoritmos con el conocimiento sobre la misión concreta y ajustarse a los recursos computacionales disponibles del avión. La aviónica militar debe ejecutar estas tareas con estrictas restricciones de potencia, tiempo y fiabilidad.

Este trabajo surgió de la cooperación estratégica entre Dassault Aviation y Thales, que las empresas firmaron en noviembre de 2025. El programa abarca plataformas tripuladas y no tripuladas, vigilancia, análisis de la situación, apoyo a la toma de decisiones, planificación y gestión de acciones durante operaciones militares.

La siguiente gran fase de desarrollo del Rafale está vinculada al estándar F5. Dassault espera reforzar la cooperación entre el avión tripulado y la prometedora aeronave no tripulada UCAS y transferir gradualmente a la automatización más tareas de apoyo. Al mismo tiempo, la arquitectura mantiene al ser humano dentro del ciclo de toma de decisiones, y la IA debe ayudar a la tripulación a gestionar un volumen de datos creciente y una situación más compleja.

Para el Rafale esta prueba supuso una nueva etapa; sin embargo, no puede considerarse el primer vuelo mundial de una IA militar en un caza a reacción. Saab probó en 2025 el Gripen E controlado por IA frente a un avión con piloto real, y ya en 2024 la Fuerza Aérea de EE. UU. demostró control automático en un F-16 modificado. El programa francés, por ahora, parece más cauteloso y pone énfasis en la asistencia a la tripulación.

Un cambio similar de los bancos de prueba al cielo real también ocurre en la aviación no tripulada. En abril Northrop Grumman probó en vuelo una plataforma en la que varios sistemas autónomos se turnaban para controlar la misma aeronave. En verano L3Harris y Shield AI probaron un grupo de drones capaz de reconfigurar la ruta automáticamente al detectar fuentes de amenaza de guerra electrónica.

Los desarrolladores franceses paralelamente integran la IA en otros niveles del sistema militar. Thales recientemente presentó la plataforma HexaForce, que consolida y clasifica automáticamente los datos de inteligencia para los mandos. En la aviación una lógica similar se traslada más cerca de la tripulación, donde la rapidez en el procesamiento de la información es especialmente crítica.

Dassault aún no ha comunicado la fecha de la siguiente fase de ensayos ni ha confirmado la inclusión de las nuevas funciones en un estándar de serie concreto del Rafale. El vuelo demuestra, ante todo, que los dos algoritmos superaron la fase de desarrollo en laboratorio y operan en una plataforma aeronáutica real. La demostración no llegó al control autónomo del caza y la decisión final sigue correspondiendo al ser humano.