Sale a la luz un plan secreto de Irán para convertir Internet en un privilegio del Estado.

Irán puede cortar para siempre a sus ciudadanos del internet habitual. Según activistas digitales, las autoridades están preparando un sistema en el que el acceso a sitios y servicios mundiales dejará de ser un derecho y pasará a ser un privilegio para los elegidos, verificados por el Estado.
Al respecto informa Filterwatch, una organización que vigila la censura en internet en el país. En su informe, con referencias a fuentes dentro de Irán, se afirma que se está preparando un plan confidencial que convierte el internet internacional en una «privilegio estatal». Los activistas sostienen que los funcionarios oficiales y los medios progubernamentales ya han dado a entender que se trata de una política permanente, y que el acceso anterior, relativamente libre, supuestamente no volverá después de 2026.
La esencia del esquema que describe Filterwatch es la siguiente. Las personas con autorizaciones de seguridad o que hayan pasado controles especiales podrán usar una versión reducida y fuertemente filtrada del internet global. Al resto, según se afirma, se les dejará solo el «internet nacional» de Irán. Esta es una red interna que opera en paralelo y prácticamente no tiene conexión con el mundo exterior.
La actual restricción, según defensores de derechos humanos, comenzó el 8 de enero después de 12 días de protestas en aumento contra las autoridades. Se informa de miles de muertos, y las protestas, al parecer, han disminuido frente a una fuerte represión. Debido a los cortes, sale muy poca información del país, y las restricciones se consideran de las más extensas de la historia. El informe añade que, en términos de duración, la situación ya ha superado el apagón de internet en Egipto en 2011 durante las protestas en la plaza Tahrir. Además se menciona que un representante de las autoridades habría dicho a medios iraníes que los cortes se mantendrán al menos hasta Nowruz, el Año Nuevo persa, que se celebra el 20 de marzo.
Un exempleado del Departamento de Estado de EE. UU. que trabajó en asuntos de censura calificó el escenario de un corte permanente como «plausible y alarmante», pero subrayó que sería costoso para Irán. Según él, las consecuencias económicas y culturales serían enormes, y las autoridades corren el riesgo de «pasarse de la raya». El director de Filterwatch, Amir Rashidi, añade que las autoridades parecen estar satisfechas con el nivel actual de conectividad y consideran que fue el apagón lo que les permitió retomar el control de la situación.
Los autores del informe presentan lo ocurrido como el cierre de una estrategia de 16 años para consolidar el control sobre la red. Uno de los instrumentos clave en este modelo, según dicen, es el denominado whitelisting, cuando a un número reducido de personas se les permite el acceso a recursos externos y a todos los demás se les bloquea. Investigadores que estudian la infraestructura iraní sugieren que esa filtración selectiva pudo volverse posible gracias a tecnologías vinculadas con exportaciones desde China. Se trata de dispositivos «middlebox» de alto rendimiento que se conectan a los cables de la red y permiten supervisar y modificar el tráfico de internet. En ese modo no solo se pueden cerrar sitios y protocolos, sino también complicar el funcionamiento de herramientas de elusión, y a la larga incluso analizar el tráfico de países enteros.
La segunda parte de la estructura es el «internet nacional», accesible únicamente dentro de Irán. En él se mantiene a los ciudadanos un conjunto de servicios creados u homologados por el Estado, incluidos mensajería, buscadores, navegación y servicios de vídeo del tipo Netflix. Ese entorno, describen los investigadores, está controlado y casi no tiene conexiones con la red global.
Los primeros pasos hacia ese sistema, según el informe, Irán los comenzó a dar ya en 2009 tras las protestas masivas, cuando las autoridades probaron por primera vez «apagar simplemente el internet» y se toparon con serios efectos secundarios. Después el enfoque se volvió más selectivo, y en 2012 las autoridades crearon el Consejo Supremo del Ciberespacio y pasaron a planificar una red interna autónoma. Con el tiempo, afirman los investigadores, el Estado empezó a combinar prohibiciones con incentivos económicos, impulsando a empresas, bancos y proveedores a trasladar infraestructura al país.
Actualmente la red nacional, según activistas, sigue funcionando incluso en medio de las protestas y para la mayoría de los residentes continúa siendo la única forma de «estar en línea». Pero si Irán podrá realmente consolidar esa nueva realidad, donde el internet externo está disponible solo para personas verificadas, aún no está claro. Aunque técnicamente pudiera ser posible, el coste de tal decisión podría ser muy alto para el propio país, y la responsabilidad por el golpe a la economía recaerá finalmente en las autoridades.