Cómo un solo botón bastó para descabezar por completo a todo un Estado

Caracas a principios de enero se encontró en el centro de una de las operaciones más notorias de Estados Unidos en el ciberespacio de los últimos años. El corte de electricidad en la capital de Venezuela coincidió con la interferencia en el funcionamiento de los sistemas de vigilancia antiaérea y se convirtió en parte de una misión militar encubierta, sobre la que anteriormente se había informado muy poco oficialmente.
Según representantes estadounidenses familiarizados con los detalles de la operación, el ataque del 3 de enero no solo dejó fuera de servicio la red eléctrica de Caracas, sino que también fue diseñado para que el suministro eléctrico pudiera restablecerse de forma rápida. Este enfoque demostró un alto nivel de precisión y control en las herramientas digitales ofensivas del Pentágono, especialmente frente a países con capacidades limitadas de ciberdefensa.
Paralelamente, según afirman fuentes, las fuerzas armadas estadounidenses interfirieron en los radares antiaéreos venezolanos. Al mismo tiempo, la estación radar más potente del país ya no estaba funcionando en ese momento. El debilitamiento del control del espacio aéreo y el corte de electricidad en la capital crearon las condiciones para la entrada discreta de helicópteros estadounidenses en el territorio venezolano.
Esta fase fue clave en la operación para detener al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Tras sacarlo del país, fue trasladado a Estados Unidos, donde se le imputaron cargos relacionados con el narcotráfico. En Washington subrayan que el componente cibernético desempeñó un papel decisivo para garantizar la discreción y minimizar un enfrentamiento militar directo.
El caso de Caracas volvió a mostrar que los ataques a los sistemas digitales de control de infraestructura pueden pasar rápidamente del plano virtual al físico. Dejar fuera de servicio redes eléctricas y radares afectó directamente la seguridad del espacio aéreo y permitió llevar a cabo una operación militar sin resistencia.
Escenarios como este son cada vez más realistas para cualquier país con infraestructura crítica vulnerable. La protección de la energía, las comunicaciones y los sistemas de monitoreo se convierte hoy en día prácticamente en un elemento de defensa del territorio a la par con los medios tradicionales.