Un asistente digital diseñado para agradar a todos no resultó eficaz en todos los frentes.
Parece que para trabajar bien con la IA no basta con elegir un modelo potente. La «personalidad» del compañero digital y hasta qué punto su estilo de conducta encaja con cada persona pueden ser igual de importantes. Esa es la conclusión de los autores de un nuevo estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.
Harang Ju de la Universidad Johns Hopkins y Sinan Aral del MIT realizaron un experimento aleatorizado con 1258 participantes. Agruparon a las personas en pares con agentes de IA, a los que mediante instrucciones se les asignaron distintos rasgos de comportamiento según el modelo de las «cinco grandes». Los investigadores variaron la apertura a la experiencia, la escrupulosidad, la extraversión, la amabilidad y el neuroticismo. No se trataba de una personalidad real de la máquina: el modelo solo imitaba el estilo de comunicación y de trabajo correspondiente.
A cada par se le dio 40 minutos para crear anuncios publicitarios para un centro analítico real. Los participantes se comunicaron con el agente por chat y editaron conjuntamente textos e imágenes. En total los equipos prepararon 7266 anuncios, tras lo cual evaluadores independientes compararon la calidad del material.
Los resultados mostraron que no existe una «mejor personalidad» universal para la IA. Obtuvieron altas puntuaciones los trabajos de personas extrovertidas con agentes extrovertidos, de personas escrupulosas con agentes igualmente escrupulosos, así como de participantes abiertos a la experiencia con un agente escrupuloso. Algunas combinaciones, en cambio, empeoraron el resultado. Entre las variantes negativas estuvieron una persona extrovertida con un agente escrupuloso, una persona escrupulosa con un agente excesivamente amable y una persona con alto neuroticismo con un agente escrupuloso.
Los autores comprobaron si las valoraciones de laboratorio se reflejaban en publicidad real. Los anuncios creados se mostraron durante dos semanas en X, donde las campañas obtuvieron casi 5 millones de impresiones. El texto de mayor calidad se asoció con un incremento aproximado del 7% en la tasa de clics y una reducción del coste por clic de alrededor de 30 centavos.
El trabajo también muestra un aspecto menos evidente de la personalización. Ajustar la IA solo para maximizar la cortesía, la sociabilidad o la disciplina puede carecer de sentido. Un mismo estilo de comportamiento ayuda a un usuario y perjudica a otro, y el efecto puede diferir incluso entre tareas textuales y visuales.
Aún es pronto para generalizar los resultados a programación, análisis, medicina u otros tipos de trabajo. El experimento se centró en una tarea publicitaria y en participantes de Estados Unidos. Los autores planean probar el enfoque en ventas, ingeniería y salud. También existe un contexto comercial: Ju y Aral fundaron Pairium AI, una empresa que desarrolla tecnologías de personalización de IA para la colaboración entre humanos y máquinas.
Si la conclusión se confirma en otras áreas, los sistemas de IA corporativos podrían empezar a ajustar no solo los conocimientos, el contexto y el formato de la respuesta, sino también su propia manera de interactuar con el empleado. Entonces la pregunta «qué modelo es mejor» cambiará en parte por otra: con qué versión del modelo trabaja mejor cada persona.