Ingenieros invierten cientos de horas en entrenar algoritmos para manipular con delicadeza objetos frágiles.

La mano humana, con decenas de articulaciones y miles de terminaciones nerviosas, durante siglos ha sido un modelo inalcanzable para las máquinas. Es precisamente la ausencia de motricidad fina la que impide convertir a los robots humanoides de una atracción escénica en un aparato doméstico útil. Sin embargo, ahora varias empresas tecnológicas chinas afirman que se han acercado mucho a crear manos robóticas totalmente articuladas.
El interés en China aumentó bruscamente tras la actuación de máquinas de la empresa Unitree en el programa de fin de año a principios de 2025. Las autoridades del país describen la dirección como IA incorporada y consideran la robótica como una forma de compensar la reducción de la fuerza laboral. La Federación Internacional de Robótica considera que los robots multifuncionales completos son cosa de un futuro lejano. La mayoría de las funciones mostradas, como lavar, cocinar o cortar el pelo, aún no han pasado de los anuncios promocionales.
La mano mecánica es más compleja que cualquier otra parte de un robot. El fundador de LinkerBot, Zhou Yun, afirma que crear una mano es cien veces más difícil que construir un robot humanoide completo. La movilidad de la mano es diez veces superior a la de otras partes del cuerpo, pero su volumen representa apenas una décima parte del de estas. La empresa, fundada en 2023, produce alrededor de 5 000 manos al mes y planea doblar la producción. Zhou Yun también espera reducir el coste de las prótesis de manos, que hoy cuestan decenas de miles de dólares, hasta 1 000 dólares por unidad.
Al sector de hardware, los fabricantes chinos cuentan con la ayuda de la industria de vehículos eléctricos. Las baterías y los motores en miniatura se producen en masa y a bajo coste. El fundador de Wuji Technology, Pan Yunzhe, reconoce que en EE. UU. resultó prácticamente imposible fabricar componentes debido a la falta de proveedores. En China el problema se resuelve con facilidad. El mercado de manos robóticas superó el año pasado los 50 000 millones de yuanes.
El software resultó ser el principal problema. El profesor de robótica de la Universidad de Bristol, Nathan Lepora, considera que nadie ha ideado todavía una manera de controlar los mecanismos con flexibilidad. Para enseñar a la mano a moverse con sentido, los ingenieros recopilan enormes conjuntos de datos sobre la motricidad fina. Para recoger esos datos, utilizan guantes con sensores, por ejemplo Wuji Glove, y entrenar una sola tarea mediante teleoperación puede llevar cientos de horas. Las personas tocan superficies, sujetan tazas frágiles, aprietan bolsas y colocan herramientas.
Los sensores registran de forma continua la trayectoria del movimiento de los dedos y la fuerza exacta de la presión. La información recopilada ayuda a entrenar modelos de inteligencia espacial. Los algoritmos analizan los movimientos y los datos táctiles y aprenden a calcular la sujeción para que el robot pueda sostener con firmeza una herramienta sin aplastar un huevo crudo. Pan Yunzhe califica el intento de digitalizar el sentido del tacto humano como la tarea más difícil del sector.
A pesar de todas las dificultades técnicas, los empresarios chinos confían en el éxito futuro. Zhou Yun describe el objetivo final como un ciclo de producción cerrado, en el que la fábrica ensambla nuevos mecanismos casi sin intervención humana. A largo plazo, las manos hábiles permitirán que los robots sean asistentes domésticos completos y liberen a las personas de la rutina.